Todo empezó en una playa. Entre los pequeños fragmentos de plástico acumulados en la arena surgió una pregunta difícil de ignorar: ¿por qué seguimos fabricando objetos con materiales capaces de permanecer durante cientos de años en el entorno?
La pregunta viajó de vuelta a casa y acabó convirtiéndose en una investigación. La búsqueda no consistía simplemente en encontrar un sustituto del plástico. La alternativa debía partir de un recurso disponible, evitar procesos de extracción contaminantes, ser segura y, una vez terminada su vida útil, regresar a la naturaleza. Había otra condición esencial: tenía que ser lo suficientemente versátil como para asumir algunas de las múltiples aplicaciones que hoy resolvemos con plástico.
De qué estaría hecho ese material y cómo conseguirlo seguía siendo una incógnita.
La respuesta apareció donde probablemente nadie la habría buscado: entre los restos de unas verduras. “Empecé a obtener resultados interesantes haciendo pruebas con los restos de las verduras de la comida”, recuerda Arancha Yáñez, fundadora de Feltwood. Aquellos primeros ensayos fueron evolucionando hasta convertirse, años de investigación después, en lo que hoy es Feltwood.
El resultado es un material difícil de encasillar a primera vista. Rígido y robusto como la madera, pero sorprendentemente ligero, suave y agradable al tacto. Como el plástico, es moldeable y puede adoptar formas, texturas y acabados muy diferentes. Una combinación de propiedades que abre un gran abanico de posibilidades para el diseño.
Aquella primera intuición es hoy una tecnología patentada capaz de transformar subproductos agrícolas en una nueva materia prima circular con múltiples aplicaciones. Un recorrido que habla de circularidad, pero también del trabajo necesario para llevar el potencial de un residuo hasta un objeto de diseño.
Feltwood: esto es verdura
Antes de llegar a nuestra mesa, los alimentos que consumimos pasan por múltiples fases: se limpian, se cortan, se exprimen. Durante ese proceso se genera una enorme cantidad de subproductos vegetales: restos de naranja procedentes de la producción de zumos, tallos de brócoli o partes que se separan durante la preparación de ensaladas, entre muchos otros.
En lugar de extraer nuevos recursos, la tecnología de Feltwood aprovecha materia que ya existe y le da una nueva función. La innovación no consiste necesariamente en descubrir un recurso nuevo, sino en reconocer el potencial de aquello que hasta ahora considerábamos un descarte.
El residuo deja de ser el final de la historia. Se convierte en materia prima para empezar una nueva vida.
De materia prima a eco-diseño
Desarrollar un nuevo material es solo una parte del camino. La siguiente pregunta resulta especialmente interesante para quienes diseñan: ¿qué podemos hacer con él?
En el caso de Feltwood, las posibilidades van mucho más allá de un único objeto. Su capacidad para moldearse y adoptar diferentes formas, texturas y acabados permite pensar en aplicaciones muy distintas: desde lámparas y objetos decorativos hasta marcos, espejos, paneles y otros elementos para interiorismo. Una versatilidad que amplía su recorrido hacia diferentes sectores y permite imaginar nuevos usos a medida que diseñadores y empresas empiezan a trabajar con él.
Es precisamente ese potencial el que despierta el interés de Ekohunters. Más que incorporar una nueva pieza al catálogo, la oportunidad estaba en explorar qué podía aportar una materia todavía poco habitual al mundo de la decoración y el interiorismo. De esa colaboración nace GIRARA, una primera colección formada por tres piezas: una lámpara colgante y dos centros de mesa, circular y rectangular, disponibles en exclusiva en Ekohunters.
La lámpara aprovecha la capacidad de Feltwood para adoptar formas orgánicas y añade otra variable especialmente interesante: la luz. Los centros de mesa destacan por su ligereza, su textura y las fibras visibles se perciben de cerca. Tres objetos pensados para integrase a la perfección dentro de un espacio.
La colección comienza con estas tres piezas, pero no termina aquí. GIRARA seguirá creciendo con nuevos diseños que explorarán otras aplicaciones del material. Una buena razón para seguirle la pista.
Un hotel, un restaurante o un comercio no solo necesita funcionar. También necesita ser recordado. Y ahí las piezas de GIRARA pueden aportar algo difícil de conseguir únicamente a través de la forma o el color: curiosidad. Su textura invita a acercarse, su apariencia despierta preguntas y descubrir que está fabricada íntegramente a partir de fibras vegetales añade una nueva dimensión a la pieza.
En iluminación, la posibilidad de combinar varias lámparas permite además trabajar con composiciones, alturas y ritmos adaptados a la escala del proyecto: sobre la barra de un restaurante, en una recepción, un espacio común o un interior retail.
Pero el interés va más allá de GIRARA. Para interioristas y diseñadores, la aparición de materiales como Feltwood amplía la paleta con la que proyectar y abre nuevas oportunidades para crear atmósferas, introducir texturas y construir espacios con una identidad material propia.
Porque, a veces, la pieza que más se recuerda no es necesariamente la que más llama la atención, sino aquella que consigue que alguien se acerque, la toque y se pregunte: ¿De qué está hecho esto?









